Sociedad

Editorial

De aquí y de allá. Algo más que un problema de derroche.
Se ha hecho pública otra decisión encaminada a cumplir con la meta de no despilfarrar -porque de eso se trata más que del ahorro, el que significaría dar otro paso adelante- en lo que al consumo de energía respecta. Decisión que se enmarca dentro del régimen de emergencia que en la materia está vigente, que se había traducido en una directiva para los funcionarios públicos nacionales, referidas al uso de la misma en su ámbito, y que ahora se complementa con un convenio del Ministerio de Energía de la Nación con su similar de Transporte.

Como resultado del convenio, se ha efectuado el envío de una recomendación -en definitiva se trata de otra directiva- a todas las empresas vinculadas con el transporte público en procura que estas procedan a regular la temperatura de los aires acondicionados de los vehículos en 24 grados y no una temperatura menor, manteniendo cerradas las ventanillas. Esa recomendación se extiende a la manera de proceder en las oficinas de las empresas que prestan el servicio, respecto a las cuales se pide también apagar las luces, el aire acondicionado, los equipos de computación y todo artefacto eléctrico al finalizar las actividades, y cada vez que esas oficinas permanezcan vacías por más de media hora.

Nos encontramos ante una estrategia sensata, la que cabría considerar si no se puede complementar con otras como es el caso de disminuir, sino cesar, la iluminación de vidrieras de comercios y de carteles de propaganda en calles y carreteras. Al mismo tiempo que acabar con la mala costumbre, forzada en su momento con fines de propaganda oficial, de la realización de espectáculos deportivos en horario nocturno e infinidad de otras situaciones similares en las que no nos detenemos a pensar, aunque de hacerlo, nos parecerían hasta obvias.

A ello debería agregarse una campaña intensa de comunicación -no hay que olvidar que desde muchos sectores uno de los reproches que se hace al actual gobierno es el de una grave falencia en la materia- de manera de lograr que la población internalice comportamientos como los señalados. Podrá argüirse al respecto que el aumento ya producido en el monto de las tarifas eléctricas para la población -y los que seguirán en el futuro- resultan un incentivo suficiente para disminuir el consumo eléctrico, pero se nos ocurre que ello es insuficiente, si se tiene en cuenta que la gradualidad de la suba en el monto de las facturas no nos ha llevado a tomar clara conciencia que lo que se paga por el servicio es un monto, en la mayoría de los casos, alarmantemente menor a su costo.

Por otra parte, no se debe pasar por alto que la estrategia a la que aludimos tiene también un carácter docente que por lo general puede pasar inadvertido, ya que con "recomendaciones" de ese tipo se contribuye a la restauración de una disciplina social que se ha visto deteriorada cada vez más entre nosotros. Disciplina que no debe confundirse con autoritarismo, ya que aquella no significa el sometimiento a nadie, sino un ejercicio prudente y razonable de los derecho de cada uno, de manera que ese ejercicio los convierta en disfuncionales, es decir en abusivos, con lo que en puridad dejan de ser derechos. Hubo un tiempo en que a los chicos que iban a la escuela se les enseñaba -ignoramos si se lo sigue haciendo, y de ser así con muy pocos resultados a juzgar lo que se ve- desde los primeros pasos por el aula "que los derechos de cada uno terminan donde empiezan los derechos de los demás".

Sabia consigna, que a algún escéptico podría llevar a preguntarse si todavía entre nosotros existen en realidad derechos, o si solo quedan "vías de hecho". . .
Fuente: El Entre Ríos (edición impresa)

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