Sociedad

Editorial

De todo un poco. La determinación de marcharse: entre la fuga y la aventura.
Stephen William Hawking.
Foto: Stephen William Hawking.
Creemos que existe un dicho que dice más o menos lo siguiente: que nadie se mueve del lugar donde ha nacido y se lo ha visto nacer si ese lugar fue, y sigue siendo, un sitio amigable. Algo que si nos detenemos a reflexionar no es otra cosa que una verdad a medias como, según otro dicho, serían todas las verdades.

Nosotros, que en una gran parte somos descendientes de habitantes que dejaron su tierra en búsqueda de mejores horizontes y a la vez vemos cómo, la que ahora es nuestra, es también expulsora de sus hijos, circunstancia que lleva a que se sepa de la existencia de entrerrianos en todas partes, conocemos de la existencia de esa primera media verdad. La que se ve confirmada por el hecho de que pocas veces en la historia se haya asistido a tantas grandes e inconmensurablemente trágicas migraciones, como las que se dan en este mundo loco en el que nos ha tocado en suerte vivir.

Pero no hay que olvidar la existencia –y la presencia- de la otra media verdad. Que no solo tiene que ver con la reflexión teológica de que la vida es un "pasaje", o que el solo paso de los años hace que seamos personas diferentes que viven en un mundo también diferente, sino que está siempre presente esa curiosidad innata al hombre, que lleva como un impulso vital el otear nuevos horizontes, lo ha llevado a emprender empresas tan difíciles como la búsqueda de tierras nuevas en el espacio, que se muestra como una cantera inagotable de cosas asombrosas e ignoradas.

De allí que resulta explicable en la actualidad se vuela a un sueño milenario, cual es el de la conquista de ese inconmensurable espacio, partiendo de esta insignificante "nave" – que no es otra cosa que la tierra- en la que no parecemos del todo resignados a vivir.

Algo que durante mucho tiempo fue nada más que una quimera –junto con aquella otra que sonaba a fantasía- como creernos reyes de la creación, si se tienen en cuenta avances científicos y tecnológicos que nos sorprenden a diario.

Una reflexión que resulta adecuada, si se consideran recientes declaraciones de Stephen William Hawking, acerca de empresas que van más allá de nuestra atmósfera que resultan "urgentes", con la relatividad que tiene el concepto de urgencia para un científico como él.

Aunque parece ocioso repetirlo, dado que una gran mayoría de nosotros sabe y no sabe de él, por haber visto su imagen de estatua torturada, consecuencia de una rara forma de esclerosis lateral amiotrófica que lo aqueja desde hace décadas. Una enfermedad que en su caso se califica como de comienzo temprano y progresión lenta, y que lo ha paralizado gradualmente a lo largo de décadas. Todo lo cual lleva a que en la actualidad solo pueda comunicarse mediante el parpadeo de uno de sus ojos, convertido en palabras por un dispositivo generador, fundamentalmente de palabras escritas.

Hawking es, según lo detallan las innumerables biografías que se han hecho de él un inglés, físico teórico, cosmólogo, autor y director de investigación en el Centro de Cosmología teórica dentro de la Universidad de Cambridge, con trabajos fundamentales para la cosmología, entre los que se encuentran –y con ello terminamos para no cansar- estudios vinculados con la predicción teórica de los denominados "agujeros negros", que no son otra cosa que una masa de materia de tal densidad que no solo no deja escapar la luz sino que se traga todo lo que aparece a su alrededor en el campo estelar.

Ahora durante su aparición en un video en la Cumbre Tencent XEY celebrada en Pekín advirtió que la raza humana morirá en la Tierra cuando esta se convierta en una chispeante bola de fuego en menos de 600 años. Y consideró que los humanos deben "ir audazmente a donde nadie ha ido antes" si pretenden mantener la especie durante otro millón de años. Es que señala que si la población de la Tierra no comienza a trasladarse a otro planeta, el mundo se sobrecargará y el alto consumo de energía lo destruirá. De allí que hiciera un llamamiento a los inversores para que respalden los planes de viajar a la estrella más cercana fuera de nuestro sistema solar, con la esperanza de que un planeta habitable pueda estar allí orbitando.

Se señala que para él Alpha Centauri –habría para ubicarlo que contar con un mapa cósmico- es uno de los sistemas estelares más cercanos, a poco más de cuatro años luz de distancia, y científicos creen que puede tener exoplanetas que podrían fomentar la vida, al igual que la Tierra.

Es por eso que el mismo Hawking apoya a Breakthrough Starshot, una empresa que se propuso alcanzar este sistema dentro de dos décadas usando un pequeño avión que podría viajar a la velocidad de la luz. "La nanocraft podría llegar a Marte en menos de una hora, o llegar a Plutón en días, pasar Voyager en menos de una semana y llegar a Alpha Centauri en poco más de 20 años". Si tiene éxito, una generación podría ver cómo esa sonda llega a la estrella. Elucubraciones de mentes delirantes, podría decirse. ¿Pero quién diría no hace muchos años que conduciríamos vehículos ayudados por un GPS?

De allí que un director de esa empresa se ha referido al debate sobre el tema señalando que "tal vez, si todo va bien, en algún momento un poco después de la mitad del siglo tendremos nuestra primera imagen de otro planeta habitable en órbita alrededor de la estrella más cercana".

En una palabra y traduciéndolo a nuestro lenguaje más auténtico, no se trata sino de una advertencia de que "hay que rajar antes de que se nos queme del todo el rancho". Algo que en realidad estamos intentando hacer muchísimos de nosotros a diario, mientras a la vez no dejamos de hacernos mala sangre y alimentar enconos por cosas que, mirándolas bien desde otra perspectiva, no se tratan sino de insignificancias.

Con el agravante de que si prestamos atención a lo que realmente importa y enfrentamos exitosamente el drama – que todavía existen quienes lo niegan (¡¡!!)- del cambio climático, y no dejamos de persistir en el intento de suicidarnos agrediendo en forma sistemática y creciente nuestro entorno, estemos en condiciones, si nos comportamos a la vez como hombres hechos y derechos, de postergar el momento en el que el último de nosotros al cabo de los siglos sea quien deba. . . apagar una simbólica luz.
Fuente: El Entre Ríos (edición impresa) Autor: M.S.J.

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